Un Día Familiar… de Adoración

En la reciente campaña «Keep Sunday Special» (Mantén el Domingo Especial) contra la extensión del «Sunday Trading» (El Comercio Dominical) se dijo con frecuencia que el Día del Señor es «un día familiar». Desde un punto de vista, esto no es correcto en absoluto. El Día del Señor es el Día del Señor. Sin embargo, el cuarto mandamiento tiene mucho que decir sobre las familias. Acerca de cómo deben guardar el Día del Señor juntos como un día de adoración. Así que en cierto sentido es un día familiar. No es un día para que la familia haga lo que desee ni lo que le plazca, sino un día para que la familia conserve una perspectiva eterna.

El Catecismo Mayor (P117) muestra los diversos asuntos requeridos en el cuarto mandamiento. Uno de ellos es «el ejercicio público y privado de la adoración a Dios». Además de asistir a la Iglesia, debemos buscar adorar a Dios en privado de la manera descrita en Isaías 58:13. Además de los devocionales personales, esto incluye el culto familiar: leer y explicar Las Escrituras, la oración y la alabanza.

El Día del Señor brinda una oportunidad de oro para que los padres orienten a su familia hacia las realidades eternas. Pueden tener discusiones espirituales sobre el sermón que han escuchado y otras cosas que leen juntos. Catequizar es otra forma vital de saturar las mentes de su familia en la verdad.

Es interesante que el Catecismo Mayor enfatiza la dimensión familiar del cuarto mandamiento. En la P118 se pregunta: «¿Por qué el encargo de guardar el día de reposo está especialmente dirigido a los jefes de las familias y otros superiores?» La respuesta que proporciona sobrepasa algunas de las ideas individualizadas de la religión apreciadas en nuestros días. «El encargo de guardar el día de reposo está dirigido especialmente a los jefes de las familias y otros superiores, porque están obligados no solo a guardarlo ellos mismos, sino también a velar para que sea observado por todos los que están a su cargo». Los padres tienen la responsabilidad de dirigir a sus hijos con sabiduría para que busquen las prioridades espirituales de hoy en día y a que dejen de lado todo lo que pueda distraerlos de eso.

James Durham se centra en cómo debemos adorar a Dios en privado, no solo como individuos sino como familias. Él muestra cómo el cuarto mandamiento ordena a la familia la adoración, particularmente en el Día del Señor. El siguiente es un extracto actualizado de un libro electrónico gratuito que puedes descargar al final de esta publicación.

El cuarto mandamiento (Éxodo 20:8-11) requiere una adoración familiar distinta de la adoración pública y secreta. Requiere la adoración a Dios entre aquellos que están relacionados entre sí, la cual no se requiere de los demás en la misma manera.

 No Solo Adoración Secreta 

Esto simplemente no puede significar que el jefe de familia se comprometa a sí mismo en adoración secreta y dirija a los miembros de la familia a buscar y adorar a Dios por separado. Aunque eso es adoración, no es más adoración familiar ofrecida en conjunto por aquellos en una relación familiar, que si no estuvieran en tal relación o familia.Si bien podría decirse que esas personas guardaron el día de reposo como un día santo, no podría decirse que la familia como tal lo hizo. Aun cuando las familias estén buscando a Dios en secreto no reemplazan la adoración pública en la congregación si les es posible asistir. De igual manera que este mandamiento requiere que una congregación y un ministro se reúnan para guardar el Día del Señor, así mismo lo requiere de una familia y su cabeza para adorar juntos.

Adoración Conjunta en el Hogar

Se requiere en este mandamiento más que santificar el día de reposo individualmente, incluso dentro de una familia distinta de la otra. Si el Señor solo se dirigiera a las personas en el mandamiento sin reiterar hijo, hija, etc., esto habría requerido adoración secreta solo como individuos. Identificar a cada miembro de la familia entera debe implicar algo más. El deber individual está implícito en todos los mandamientos.Una adoración especial está implícita aquí porque el cuarto mandamiento habla de aquellos que están dentro de las puertas de un hombre. Por lo general, esto no incluye a la congregación ni a las personas de otras familias. Se extiende a los miembros de una familia que están puertas adentro a cargo de un hombre. Por lo tanto, debe ser un culto familiar distinto, principalmente realizado por esa familia en conjunto.

Lo que Implica

Los deberes requeridos por el Día del Señor implican esto: incluyen instruir, exhortar y amonestar mutuamente. Consolar, fortalecer y hablar el uno con el otro de la Palabra (Deuteronomio 6:7-8). Estos son sin lugar a dudas deberes para el Día del Señor, pero solo pueden hacerse juntos. Por consiguiente el culto familiar, al menos en el Día del Señor, aquí se ordena. Si las familias son llamadas a adorar a Dios juntas el Día del Señor en sus deberes particulares, también están llamadas a adorarlo conjuntamente los otros días de una manera apropiada para ese momento.

Yo y Mi Casa

Las familias deben adorar a Dios de esta manera en el Día del Señor. Incluso si no hubiera un culto público a Dios al cual asistir. Suponiendo que ninguna otra familia en el mundo adoró a Dios, ellas aún estaban obligadas a hacerlo. Josué dijo que independientemente de lo que los demás hicieran, él y su casa servirían al Señor (Josué 24:15). Santificar Su día de reposo es un aspecto especial de servir a Dios. Supongamos también que no hubo adoración a Dios en todo el mundo, excepto dentro de una familia. Esta adoración sería una adoración familiar conjunta: «yo y mi casa». De lo contrario, sería lo mismo decir que pudo haber muchos adoradores de Dios en el mundo, pero que no necesitaban unirse en adoración. Esto es absurdo y ciertamente contrario a la resolución religiosa de Josué.

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Matthew Vogan is the General Manager at Reformation Scotland Trust. He has written various books including volumes about Samuel Rutherford and Alexander Shields.

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