3 Maneras que Debes Aprender de las Oraciones Auténticas del Salvador

La oración es difícil. La oración auténtica es aún más difícil. A menudo será interrumpida y balbuciente, y a la vez una lucha de por vida. El mito popular entre los evangélicos es que la oración es una conversación casual. Esto la hace mucho más sencilla, por supuesto, pero queda corta de ser auténtica. Hemos sido estafados si estamos influenciados por este mito. ¿Cómo lo sabemos? El ejemplo del Salvador nos lo muestra. Él no solamente fue frecuente en la oración sino también ferviente y reverente. La oración casual, por otro lado, no es reverente ni ferviente.

Andrew Gray (1633-1656) nos explica poderosamente estos aspectos de la oración de Cristo. ¿Qué podría ser más auténtico que las oraciones del Señor Jesucristo? En su juventud un despreocupado Gray cambió para siempre como resultado de una experiencia conmovedora. Un día él estaba caminando cerca de Edimburgo cuando vio a un hombre pobre, un mendigo, salir de la carretera y entrar en un campo de maíz. El niño lo observó arrodillarse junto a una gran piedra y luego lo escuchó derramar una solemne confesión de pecado y una ferviente oración con gran calidez y emoción. Grey se conmovió mucho cuando observó alguien de quién compadecerse «en las peores circunstancias, cuya vida es casi una carga para él». «Aquí estoy», pensó, con mucho de todo y nunca supe lo que era carecer de nada. Sin embargo, Gray nunca había reconocido a Dios como el dador gratuito de todo como lo hizo este pobre mendigo. El pobre hombre nunca tuvo ni siquiera una décima parte de lo que Gray mismo debió haber reconocido con gratitud a Dios. Gray ahora llegó a comprender la naturaleza de la oración verdadera por experiencia y de una manera perdurable.

Murió a la edad de 22 años después de un ministerio de tan solo 27 meses. Su santidad personal era tal que fue descrito como un «destello del cielo». Un poderoso predicador, dejó varios sermones acerca de la oración, incluyendo cuatro sobre 1ra de Tesalonicenses 5:17 «Orad sin cesar».

Lo siguiente fue extraído y actualizado del libro de Gray A Door Opening into Everlasting Life (Abriendo la Puerta hacia la Vida Eterna). Aquí él arroja una valiosa luz sobre la práctica de la oración a partir del ejemplo único del Señor Jesucristo.

Si Cristo estuvo en oración a menudo, ¿Descuidará usted la oración por completo? ¿Orará muy raramente? La oración es el deber diario de cada hijo de Dios. Se dijo del Saulo de Tarso convertido: «He aquí, él ora» (Hechos 9:11). Se nos ordena: «sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias» (Filipenses 4:6). La oración es una parte especial de la adoración a Dios y el reconocimiento de la supremacía y la soberanía de Dios sobre Sus siervos.

La oración es el principal medio de comunión con Dios, de la cual podemos disfrutar en la tierra. Es el camino hacia la prosperidad, la paz y la felicidad. «Vuelve ahora en amistad con Él, y tendrás paz; y por ello te vendrá bien» (Job 22:21). Nuestras oraciones son como cartas de solicitud. Están escritas en lo interior con peticiones, pero en lo exterior con abundantes respuestas (Salmo 126:5-6). El corazón orante es el corazón lleno de gracia celestialmente. ¿Por qué no oras? ¿Eres tan rico que no necesitas provisiones de la gracia? ¿O eres tan despreocupado que no las deseas?

¡Oh aprende de Cristo para que seas frecuente, ferviente y reverente en la oración!

Aprende de Cristo a ser Frecuente en la Oración

Cristo oró temprano y tarde, noche y día. «Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba» (Marcos 1:35). «Pasó la noche orando a Dios» (Lucas 6:12). Si Cristo pasó noches enteras en oración, ¿no pasarán ustedes horas en oración? ¿Por qué oran a duras penas y no de forma constante? ¿Por qué raramente están en la presencia de Dios, derramando sus corazones a Él? ¿Tienen miedo de venir a Dios con demasiada frecuencia? Podrán venir muy pocas veces, pero nunca podrán venir demasiadas veces a Dios. ¿Acaso no hay razones para orar a Dios temprano y tarde durante el día? ¿No hay pecados tempranos y tardíos a ser perdonados?, ¿misericordias tempranas y tardías a ser obtenidas? ¿y angustias tempranas y tardías a ser prevenidas?; ¿No hay deberes tempranos y tardíos que realizar? ¿aflicciones tempranas y tardías que soportar y tentaciones que derrotar? ¿De dónde vienen su salud y fortaleza? ¿No vienen del cielo? ¿Cómo vienen del cielo sino es por medio de la oración? Recuerdan los sacrificios matutinos y vespertinos del Antiguo Testamento. La ceremonia puede ser abolida ya que es solo un tipo. Sin embargo, el requisito moral, el principio básico y la justicia de este deber permanecen. Las ofrendas diarias de oración y alabanza son nuestro deber incuestionable (Salmo 141:2). ¡Oh, sobre todas las cosas, busca a Dios a menudo! Tienes la llave misma del cielo si tienes el don y la gracia de orar.

Aprende de Cristo a ser Ferviente en la Oración

Las oraciones de Cristo fueron intensas, fervientes y esmeradas. «Y estando en agonía, oraba más intensamente» (Lucas 22:44). Si Cristo oró fervientemente, ¿orarán ustedes de una manera superficial y fría? ¿orarán somnolientos, como si estuvieran dormidos, o como si no les importara si oraron o no? De esta manera, se exponen al peligro inequívoco de perder sus oraciones. Las oraciones frías hablan de una negación, de un rechazo. Son meras carcasas del deber. El Señor detesta y nunca aceptará tales atenciones carnales y pecaminosas. El más grande pozo de vitalidad vuelve a nosotros cuando hablamos a los oídos del Dios viviente.

¡Oh no permitas que tus oraciones sean superficiales e irreflexivas, sino que haya en ellas la fuerza de tu corazón y alma! Mientras más ferviente eres en la oración, más te asemejas a Cristo «quien en los días de Su carne… ofreció ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas» (Hebreos 5:7).

Aprende de Cristo a ser Reverente en la Oración

Nuestro Cristo Salvador era Dios. Él era igual, mismo en esencia y uno con Dios Su Padre. Sin embargo, Él también era hombre. Como tal, estaba acostumbrado a arrodillarse y orar con toda humildad (Lucas 22:41). Incluso se postró al suelo sobre Su rostro delante de Él (Mateo 26:39). Le debemos a Dios una doble devoción, interna y externa. La primera debe hacerse y la segunda no debe dejarse de hacer. Los siervos muestran respeto ante sus amos. Aún los paganos se han arrodillado ante sus ídolos y ¿no se arrodillarán los cristianos ante el verdadero Dios? «Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante del Señor nuestro Hacedor» (Salmo 95:6). ¿Cuál postura corporal es la más apropiada cuando venimos a la presencia de Dios para recibir gracia del Dador de toda gracia? Esta es la postura de los humildes suplicantes, mansamente arrodillados sobre nuestras rodillas. Dios de hecho es «un espíritu» a ser adorado «en espíritu y en verdad» (Juan 4:24). Él debe ser adorado principalmente en espíritu, pero no en espíritu únicamente. Aprende de Pablo quien dijo: «Doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo» (Efesios 3:14).

 

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Matthew Vogan is the General Manager at Reformation Scotland Trust. He has written various books including volumes about Samuel Rutherford and Alexander Shields.

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